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Fahrenheit 451: ¿viviendo en la ignorancia se es feliz?

¿Sabemos qué es la felicidad? Fahrenheit 451 te lo dirá.

¡Hola, malditx!

Tal y como te propuse en mi Insta, te traigo una reseña algo distinta a la habitual. Partiendo de varios hilos temáticos que aparecen en la novela distópica que propuse -Fahrenheit 451-, acabaré hablando del argumento propiamente dicho, pues así me parece que nos embarcamos primero en la reflexión, tratando temas súper interesantes, antes de aportar un análisis más orientado al tecnicismo literario.

Esta novela gira, entre otros, alrededor del concepto de felicidad, de la ignorancia y de la importancia de los libros, todo ello desde el punto de vista del conformismo impuesto en la sociedad. ¿Te suena? ¿Sabemos qué es realmente la felicidad? ¿Somos felices con nuestras relaciones, trabajo, estudios…? ¿Acaso damos importancia al saber que esconden los libros? ¿Es verdad eso de que “viviendo en la ignorancia se es feliz”?

Pese a que desconocemos el tiempo exacto en el que se desarrolla la acción del relato, sí sabemos que está ambientada en Estados Unidos y que se caracteriza por una sociedad apática, en la cual se fuerza una vida falta de conocimientos filosóficos, políticos o literarios, (pues nadie se cuestionada nada), que vive aparentemente “feliz” y que presenta una vida llena de comodidad y conformismo.

Esta sociedad vive distraída, sumergida en la charlatanería, alienada frente a las pantallas de televisión, mientras se inflan de ansiolíticos o antidepresivos – hasta incluso llegar a la sobredosis como algo “normal”; es una sociedad frenética, que acude al trabajo conduciendo a toda velocidad… Digamos que este es el concepto de felicidad que está establecido entre sus ciudadanos.

Sin embargo, la realidad es bien distinta: nadie tiene idea de qué es realmente. El suicidio, el asesinato por diversión entre jóvenes, montones de personas diagnosticadas por la trivialidad conformista y absoluta son las acciones predominantes en este relato.

Se inhala durante toda la obra el perfume del estrés. Es una vida donde no existe lugar para el dolor, el llanto; solo existe la interacción con quienes aparecen al otro lado de las pantallas de televisión (me temo que con esto también nos empiezan a pitar los oídos, ¿no?).

A pesar de que Bradbury publicara esta fantástica obra en el año 1953, parece como si estuviese presagiando lo que viviríamos en el siglo XXI. Nuestra sociedad no es más que un rebaño de ovejas con adicción, en este caso, a la pantalla de los Smartphones, a la “socialización” mediante la consulta de nuestros móviles en lugar de mantener conversaciones interesantes con las personas que nos rodean; es una vida dictada por la falsa felicidad de conseguir un sueldo por ir a calentar la silla en la oficina -donde realizamos trabajos para otros que, por supuesto, no nos gustan, y cuya remuneración está alejada de nuestras expectativas- pero que nos parece suficiente, porque proporcionan el dinero para seguir consumiendo la misma mierda de siempre que no necesitamos.

La gente no habla de nada […]. Nombran una serie de automóviles, hablan de ropa o de piscinas y dicen que es estupendo. Pero todos comentan lo mismo y nadie tiene una idea original. Clarisse.

Bradbury, R., Fahrenheit 451.

Fahrenheit 451 llama la atención porque presenta al cuerpo de bomberos no como aquellos que extinguen fuegos, sino como los que tienen el deber de detectar a personas sospechosas de poseer libros en casa y proceder a su incendio. De esta manera, se controla a la sociedad para que siga viviendo en su ignorancia y no se cuestionen nada.

Así pues, durante la lectura de esta novela, percibimos una atmósfera narrativa marcada por el estrés, la ignorancia, la desvalorización de los libros; pero, por otra parte, destaca la valentía de algunos pocos que son capaces incluso de quemarse a sí mismos antes de ver arder sus libros. Asimismo, destaca sobre otras cuestiones cómo evoluciona el protagonista, Montag, quien en principio está tan alienado como el resto – es bombero y ejecuta su trabajo fielmente-, hasta que conoce a una adolescente, Clarisse, que le hará plantearse toda la situación que están viviendo.

Esta joven, vecina de Montag, es la encargada de tocarnos a golpecitos la cabeza, como quien llama a la puerta, para reclamar nuestra atención y llevarnos a un despertar (al igual que hace con el protagonista). Nos arroja a cuestionarnos si realmente prestamos atención a todo aquello que nos rodea y que damos por sentado (el cielo, la luna, la hierba…). Ignoramos la naturaleza y otorgamos valor a la posesión de tal o cual objeto. Quizá es ahí donde reside la verdadera felicidad, en la naturaleza, en los libros, en el saber; en definitiva, en aquellas esferas que consideramos más “simples” dentro de nuestra existencia.

– Piensas demasiado -dijo Montag, incómodo.

– Casi nunca presto atención a la televisión mural, ni voy a las carreras o a los parques de atracciones. Así pues, dispongo de muchísimo tiempo para dedicarlo a mis absurdos pensamientos, supongo […].

Bradbury, R., Fahrenheit 451.

En la novela respiramos también un ambiente amenazador -dado que una destrucción atómica se cierne sobre la ciudad -, por lo que, en cierto modo, esa atmósfera será un desencadenante más para que el personaje principal comience a cuestionarse todo –como decíamos anteriormente-: su labor como bombero, la relación con su esposa, Mildred, quien es adicta a los tranquilizantes para poder dormir (hasta el punto de llegar a la sobredosis) y quien se pasa el día enganchada a la televisión.

Montag comienza a cuestionarse su existencia y a plantearse el por qué algunas personas prefieren morir antes de que los libros sean quemados. Debe ser importante lo que estos esconden, pues parecen ejercer un gran poder en la sociedad si son descubiertos. Ante tal inquietud, pues, Montag se ve impulsado a robar uno de los libros que debía destruir en una vivienda, pensando si realmente la felicidad residiría en estos.

Desde el punto de vista de la estructura narrativa podemos destacar que mantiene un orden in media res, (ya que desconocemos algunos datos anteriores sobre la vida del personaje), la narración fluye desde una focalización cero del narrador (es el típico omnisciente, que sabe lo que ocurre al personaje), y que este presenta una voz heterodiegética (narra, pero no interviene en el relato); de este modo, Bradbury muestra un gran manejo del discurso directo (diálogos entre personajes), mezclado con el indirecto libre (donde se mezcla el discurso del narrador con el del personaje).

También apreciamos que la duración del relato está bien hilvanada, combinando pausas reflexivas, analepsis (flashback) y prolepsis (flashfoward) para mantener un equilibrio entre el orden y la duración de la historia. Asimismo, presenta buenas descripciones de los rasgos estéticos y  de la dimensión psicológica e ideológica de los personajes.

¡Y hasta aquí puedo contar, malditx! No te destriparé el final porque no me gusta hacer spoilers y ya he dado más información de la que debía. Creo que tenemos suficiente con lo expuesto para que, si la has leído, corrobores lo que se estaba estremeciendo en tu conciencia y, si no lo has hecho, te he dado motivos más que suficientes para que vayas ya a por esta maravilla de obra.

Tan solo añadiré que, bajo mi punto de vista, es uno de los relatos más brillantes de este género pues, a pesar de haber sido escrita en otra época, parece totalmente una clarividencia de lo que viviríamos en la actualidad. Deambulamos en medio de una sociedad vacía de sentimientos, sin afán de salir de la zona de confort que creamos a lo largo de la vida y sin la menor gana de complicarnos la existencia cuestionándonos si lo que realmente experimentamos nos hace felices o no. Asimismo, me parece muy interesante desde el punto de vista de la mecanización y el control que la sociedad proyecta sobre nosotros -sin ser conscientes de ello- y el desprecio que se transmite hacia los libros, cuando estos no hacen más que formarnos y llevarnos al crecimiento personal.

Este relato da mucho sobre lo que pensar, por lo que, si la has leído, me demuestras que no eres uno más que se conforma con lo que le “toca vivir”, sino que vas más allá de toda esta farsa y quieres descubrir tu propia felicidad.

Ea, ¡a pastar!

P.S.: si te apetece, deja tu comentario aquí abajo. Estaré encantada de leerte. Y, en el caso de que te haya molado mi flow, siempre puedes compartir para que llegue a más gente.

¡Besicos, malditx!

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